La combinación de las condiciones socio históricas de Guerrero como: los problemas de inseguridad, violencia criminal, situación económica, la extorción, punitivismo, nepotismo, por ser centro de cultivo, tránsito de drogas a EE.UU.; disputa entre grupos criminales; la corrupción que enfrenta la entidad, es resultado de una política económica que impone la burguesía local y nacinoal, y sus partidos políticos; la cercanía entre mandos políticos y policiacos con líderes de estos grupos delictivos; predomina la desconfianza a la autoridad por represalias y ocasiona falta de denuncias; la gobernanza criminal en contubernio entre el estado y grupos criminales son los elementos de la situación fascistizante en Guerrero.
Actualmente la fragmentación del crimen organizado en su lucha por el control de territorio, es un fenómeno que ha ayudado a matizar su evasión de responsabilidad de los gobiernos a la suerte de sus municipios, donde el problema es precisamente su ausencia. Lo que legitima el uso de las fuerzas estatales (militarización) y no estatales (lideres criminales) como única forma de pacificar y domesticar a la sociedad rebelde de Guerrero, para poder imponer a sangre y fuego acciones como la explotación de los recursos naturales en lugares con gran potencial de desarrollo económico, lo que es un factor principal para la ausencia del desarrollo social.

La violencia social una de las expresiones más brutales del ejercicio del poder burgués que daña a ciudadanos, comunidades, con la finalidad del mantenimiento del poder y orden social; sin embargo, sus secuelas acarrean sufrimiento, dolor, muerte, represión, acoso, pobreza, secuestro… Tales consecuencias no permiten verla fuera de su contexto político-económico, que son las causas estructurales que intervienen en su creación y reproducción. Por ello ante las propuestas de la sociedad su respuesta es reprimirlas, cooptarlas, desecharlas, desdibujarlas. Por un lado, el discurso de mano dura, por cierto, muy rentable políticamente que legitima las capacidades represivas autoritarias del Estado y justifica como daños colaterales, la restricción a las libertades civiles, la violación a los derechos humanos y el aumento de los homicidios.
Resultado de la ineficacia de estas políticas para controlar la violencia es el cinismo y la desesperanza de la sociedad civil frente al Estado; lo cual se opta por armarse para defenderse como las policías comunitarias o en que acuda con grupos criminales, legales o ilegales, para que suplan la seguridad, no proveída por las instituciones.
Guerrero en particular, es un ejemplo de cómo las políticas antinarcóticos y de combate al crimen organizado, en un contexto de corrupción e impunidad extendida, pueden tener resultados desastrosos sobre el aumento de la violencia; esta es la realidad en el rebelde estado de Guerrero, que ha sido olvidado por el progreso. Lo que generó el surgimiento de organizaciones criminales pequeñas, que se dedican buena parte de sus estructuras delictivas a la extorsión, no solo por la violencia, sino a cooptar, infiltrar las organizaciones estudiantiles, sindicales, sociales como: Ayotzinapa, Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación del esyado de Guerrero (CETEG), Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria (CRAC-PC) … referentes de lucha solo para señalarlas y desacreditarlas.
