El estado de Veracruz, de suma importancia en la historia de nuestro país, ha estado desde siempre, marcado por gobiernos que van, del autoritarismo más bárbaro, lacayos siempre, desde luego, de la burguesía, pero -digámoslo así-, por cierto autoritarismo “tropical”, de la autollamada 4T, que inició con Cuitlahuác y continua con Rocío Nahle.
Hablamos de los antecedentes los cuales, los policías represores del Capital, como Fernando Gutiérrez Barrios, jefe y tutor de Dante Delgado que gobernó Veracruz entre 1988 y 1992), todos con un negro historial, pero el que nos ocupa y que ya terminó su gestión, Cuitlahuác García, sin pena ni gloria, producto quizá de la inercia que imprimió en él, el desastre que es el país, tal y como se ha venido denunciando por nuestro Partido Comunista de México marxista-leninista.

Sabiendo como marxistas que, la naturaleza de las decisiones políticas de cualquier nación, tienen su base en las condiciones materiales de la existencia, la historia de los últimos años de Veracruz, y el verdadero desastre que ello representa, tiene su base en éstas condiciones, principalente la explotación asalriada. Lo que esto representa tiene particular importancia, y en parte se ve reflejado en la seguridad tan importante para la tranquilidad de los ciudadanos, y sobre todo porque son las clases trabajadoras, quienes sufren más este mal y, en Veracruz puede verse como, la natural descomposición social producto de la encarnizada lucha entre las clases, bastante soterrada, no abierta, sumado a la evidente incapacidad e ineptitud del exgobernador, ha propiciado que el 80% de la gente, perciba como muy inseguro el estado, pese a que el gobierno se ha dedicado a publicar cifras alegres, nacidas de la fantasía, pues contrasta mucho el supuesto descenso de los delitos de “alto impacto”, cifra de por sí engañosa, al focalizar un aspecto de la seguridad, para presentarlo como el total del aspecto considerado; contrasta la cifra, que presentan del 23% y que va “a la baja”, cuando la gente se siente cada vez menos segura.
Siendo que con muchísima frecuencia, los enfrentamientos armados, entre el paramilitarismo y las fuerzas de seguridad -con los que tambien son parte o están coludidos- son el pan nuestro de cada día, como la reciente balacera en la región de Ciudad Mendoza, entre grupos del llamado crimen organizado, o la aparición de cuerpos desmembrados, de los registrados por la prensa y redes sociales, que no pueden ocultarse.
Este problema, no surgió con la administración de Cuitláhuac García, teniendo un antecedente anterior a su encargo, -con Javier Duarte de Ochoa-, pero es evidente que no sólo no tuvo ni voluntad, y mucho menos la capacidad de enfrentar éste y muchos otros problemas, pues no solo no ha disminuido, sino que se ha incrementado y que ahora Rocío Nahle mostrará tiene que dar respuesta, que no variara en mucho a lo hecho por Cuitlahuác.
La violencia del paramilitarismo o delincuencia organizada, ha dejado de ser espontanea y alcanza niveles de escándalo en el sur, luego en el centro y en otros momentos en el norte, lo hace tener una falsa sensación de un repentino mejoramiento en los índices de seguridad en todo el estado, pero no es así.
