El movimiento indígena en el Estado de México se encuentra en un momento crucial. Los pueblos mazahua, tlahuica, nahua y otomí han iniciado un proceso histórico con sus solicitudes de municipalización para crear los municipios de Tierra de Venados, San Juan Atzingo, San Juan Acatitlán y San Francisco Tlalcilalcalpan, respectivamente. Estas iniciativas representan no solo una demanda de autonomía, sino también un reclamo legítimo de derechos históricamente negados.
Las solicitudes ya han sido entregadas ante la Comisión de Límites Territoriales y Creación de Municipios de la Legislatura del Estado de México. Sin embargo, el avance de estos proyectos depende en gran medida de la voluntad política de una legislatura compuesta mayoritariamente por representantes del partido Morena. Este contexto debería ser favorable, pues dicho partido se ha proclamado defensor de los pobres y de los derechos de los pueblos indígenas. La reciente reforma de la Ley de Derechos de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de México refuerza este marco, reconociendo la autonomía indígena y estableciendo la obligación del Estado de promover su desarrollo integral.

A pesar de este avance legislativo, los pueblos indígenas enfrentan múltiples desafíos. La municipalización no solo significa mayor autonomía; implica también acceder a recursos para educación, salud, infraestructura y desarrollo sostenible. Sin embargo, las promesas políticas suelen enfrentarse a la inercia burocrática y a la resistencia de intereses establecidos.
Por ello, la movilización unitaria de los cuatro pueblos es más necesaria que nunca. La experiencia demuestra que solo la organización y la lucha constante garantizan que las demandas sean escuchadas y atendidas. Este año, la articulación de esfuerzos debe priorizarse: la unión es la herramienta más poderosa para presionar a las autoridades y visibilizar la causa indígena.
El movimiento por la municipalización no sólo busca cambiar límites territoriales, sino transformar una realidad histórica de exclusión. La lucha indígena en el Estado de México nos recuerda que la verdadera justicia social empieza por reconocer y respetar los derechos de quienes han sido olvidados por siglos.
